It

ir_peliculaLa verdad es que he llegado tarde a Stephen King. Hace pocos días, leí de un tirón La larga marcha, una sobrecogedora novela del autor norteamericano en la que se narra una caminata anual en la que participan cien jóvenes de los que sólo uno puede sobrevivir. Quien cae es eliminado por el Ejército. Se trata, sin duda, de una obra mayor dentro del trabajo de un autor como King, muy criticado durante años tras ser reducido a un mero creador de bestseller y, por tanto, denostado por esa élite casposa de lectores y escritores que se consideran prescriptores de lo que debe o no consumirse.

Durante años, me resistí a sus novelas (como me ha pasado con otros autores del corte), pero cuando he llegado a ellas no sólo constaté que paso un buen rato (o malo, según se mire), sino que he descubierto a un narrador con una imaginación monumental que, como decía hace poco Juan Soto Ivars en su columna de Jot Down, retrata con milimétrica perfección el entorno que lo rodea, esa América profunda de ciudades medias en las que se agitan variados arquetipos del estadounidense estándar que, un buen día, han de enfrentarse a lo sobrenatural y, por qué no, a ellos mismos, tal vez la lucha más importante de todas. Tengo un amigo que ha leído mucho a King. Él opina que la Gran Novela Americana, esa que aún no se ha escrito a decir de los críticos y que otros identifican con los cuentos de Carver o directamente con El Gran Gatsby, se halla encerrada en algunas de las memorables páginas de este escritor.

Así, estos días he llegado a It. Es una novela monumental, no sólo porque la narración fluye como un río desde el principio hasta el final, sino también por el amplio abanico de personajes que la pueblan, cómo se mueven al filo de sí mismos y de la leve frontera que separa la vida de la muerte, la forma en la que se acerca, como si tuviera una cámara al hombro, a la compleja red de relaciones humanas tejidas a lo largo de las vidas, no siempre fáciles, de sus protagonistas, el retrato de los perdedores, de los pobres diablos que trabajan cada día equivocándose, cayendo en el alcoholismo, la hipocondría, los malos tratos a hijos o parejas, las enfermedades mentales o la desidia exitencial que provoca el paro, la estructura, bien trabajada y repleta de analepsis y prolepsis (saltos atrás y adelante), etcétera… A todo esto, claro está, se suma payaso Pennywise, la encarnación del mal que hará que todo un grupo de chicos se conjure, ya adultos, para volver a hacer frente a la bestia. ¿No es acaso esta narración una poderosa metáfora de la vida misma? ¿Quién no ha recibido una llamada en su vida adulta que le impele a volver atrás y enfrentarse a un problema no resuelto y, cómo no, a aquel que fue? Estas son las grandes virtudes de It, además de la atmósfera terrorífica en la que imbuye al lector desde sus inicios.

Soto Ivars decía que algunas de sus grandes creaciones no lo son tanto (hablaba de El resplandor, superada, según él, por su versión cinematográfica). Yo no he leído más obras del novelista, pero están en mi agenda. Hoy, por cierto, los críticos empiezan a considerar a King un creador de la talla de Allan Poe. No sé si eso será así, pero me pregunto por qué nos seguimos dejando llevar por los críticos, para lo bueno y para lo malo.

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